Abejas.
18-05-2007 11:54:58

Tengo un problema con mi buena conciencia ecológica. El problema empezó con abejas el año pasado. Me encontraba cenando mi pisto manchego y leyendo tranquilamente el periódico. La ventana estaba abierta. Una abejita entró. No le hice nada. Me gustan las abejitas. Uno piensa en miel y todas las cosas ricas que se pueden hacer con ella. Además, uno es un "eco". Cuando volví a levantar la mirada había ya tres en el cuarto, intentando llevarse una rebanada de pan. Huí. Desde entonces no abro más las ventanas en ese lado de la casa.
Hace tres semanas leí un artículo sobre la misteriosa desaparición, sí, podríamos hablar de la extinción, de las abejas. Uno se siente culpable. Sobre todo porque ha visto hace poco de nuevo Una verdad incómoda, seguida por La pesadilla de Darwin, y para rematar se está leyendo un libro sobre la explotación en Africa. Así que me siento mal cada vez que cojo el coche, que como pescado o que salgo a la puta calle, para hablar en plata.
Bueno. Pues el otro día entré en casa, y de repente veo algo que se arrastra por el suelo. Algo grande. Enciendo la luz, tembloroso, con la alpargata ya preparada en la mano izquierda y un periódico en la derecha. Es algo con alas, rayas negras y amarillas y unos tres centímetros de largo. Se me cae la alpargata de la una mano, la otra me tiembla tanto que sé que no voy a poder acertar. Sigo centímetro a centímetro su lento camino: al menos está semimuerta... casi sin aliento, ambos llegamos al cuartito donde suelo comer, salvo cuando las abejas me expulsan. Pienso cómo podría matarla desde una distancia segura, pero carezco de armas de fuego. Además, no puedo ser cómplice del exterminio de una raza. Cobardemente, decido la solución más sencilla: espero hasta que se encuentra en el centro del cuarto, y salgo cerrando la puerta. Una corriente de aire podría haber hecho lo mismo...así que no me siento directamente responsable de su muerte.
Esa noche dormiré también con la puerta del dormitorio cerrada. Por si las moscas (las abejas). Al día siguiente en la cocina no veo que el suelo está de nuevo encharcado. Soy un poco gilipollas. Me olvido con bastante frecuencia de que la ducha está rota desde hace meses y que se le sale el agua, porque la bomba no funciona correctamente. En realidad el problema comenzó hace un año. Mis arrendadores lo dejaron pasar, yo tampoco quise decir demasiado porque ella estaba a punto de tener un niño...desde hace tres meses el suelo de la cocina está empantanado. No todos los días, sólo cuando me olvido del charco, lo piso y ensucio el resto de la casa antes de darme cuenta de la marranada. Me han dicho que me van a transferir a la cuenta una parte del alquiler de este mes...pero el caso es que no saben mi número de cuenta. También espero una transferencia por los gastos de electricidad que pagué el primer mes de alquiler aunque todavía no estuviera viviendo ahi. Espero también que me cambién el botón del calentador del baño, que se cayó la primera vez que quise utilizarlo. Pero no quiero molestarles, porque acaban de tener el niño hace seis meses, y entiendo que estén un poco agobiados.
En fin, cuando salgo de la cocina con los zapatos mojados y embarrándolo todo me encuentro con la segunda abeja, igual o más grande que la primera. Al menos está muerta. Rejurando, armado con una escoba, abro la puerta del comedor para buscar a la primera. Por supuesto, ha escogido la esquina más recóndita para morirse, la muy puta, de forma que durante cinco minutos me muevo sigilosamente por el cuarto minúsculo, en una repetición paródica de Ripley buscando a Alien, hasta encontrar su cadáver.
Pienso que no habría estado tan mal el haber vivido hace cincuenta años, cuando nadie sabía nada de ecologismo y todos ensuciaban y guarreaban sin tener que agobiarse. También echo de menos una ley de armas más laxa, al estilo americano, para poder utilizarla tanto con las abejas como con los arrendadores. La vida podría ser tan sencilla...
Karl Rossmann
Categoría: Sopa de Ganso 0 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
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