Descenso.
16-05-2007 08:35:24

El balón subió tan alto a pesar de los vaivenes, de las corrientes traicioneras, de las tormentas, tan deprisa subió, que tenía que explotar. Y mirando de repente la altura a la que se encontraba, lo que había ascendido en tan poco tiempo, sintió solamente ganas de gritar, de golpearse. Sí, había tenido la culpa de todo. Y a pesar de los riesgos había seguido, embobada en su propia estupidez. Ahora la realidad la miraba a la cara, sonriente, tanto como ella lo había estado durante ese tiempo de inconsciencia. La realidad siempre te atrapa. Como la muerte, pues de lo que hablaba ahora era de muerte, de dolor, de separación, de la estupidez máxima, de la inconsciencia máxima. La realidad es inmisericorde. La realidad nunca se equivoca, ni es estúpida. Eres tú la que se comporta de forma inconsciente, eres tú la que quiere romper las barreras de la realidad, sin que puedas lograrlo jamás.
Silencio. Silencio y vergüenza. Vergüenza de una misma, de la propia estupidez. De no haber aprendido con los años, de volverse incluso peor con el paso de los mismos. Tres vidas penden de su estupidez. Una que fue tan estúpida como ella, que quiso romper sus propias barreras. Otra vida que no tiene consciencia, que desaparecerá antes de tenerla. La propia, que no sabe cómo saldrá de esto.
El globo baja, baja, todavía no ha llegado al suelo. Se detiene, los mismos vientos que la subian ahora impiden su bajada, no puede bajar lo suficientemente rápido. La estupidez se paga, se deja tiempo suficiente para que uno pueda reflexionar sobre ella. Lo peor no será el impacto al llegar al suelo. Lo sobrevivirá, lo sabe. Lo peor viene después. Pero ahora, agarrada a la barcaza, sólo puede ver cómo el golpe se avecina, sin poder siquiera cerrar los ojos. No, no tiene más derecho a cerrar los ojos, la realidad la llama con toda su brutalidad y ella ha de verlo todo, aprender y esperar que nunca repetirá esa estupidez.
Alicia Rodríguez
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