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DIE FETTEN JAHRE SIND VORBEI (Se acabaron los años de vacas gordas).

23-02-2007 12:18:50



¿Qué es Alemania? ¿Qué idea viene a la cabeza cuando uno oye el término “Alemania”? Quizás la impresión ha cambiado durante la última década. Cuando uno era todavía joven asociaba esta palabra a progresismo: “el motor de Europa”, “avance”, “organización”. La verdad hoy en día es muy diferente. Alemania es un coloso caído, un monstruo con pies de barro que no ha logrado adaptarse a la marcha de los tiempos. El coloso se levantó después de la Segunda Guerra Mundial. Por desgracia, Alemania tiene que agradecer su inmenso crecimiento entre los años 50 y los 80 a la destrucción masiva del país durante la guerra y a la posterior reconstrucción. La economía se vió ayudada por la escasez de mano de obra con la consecuente inexistencia de desempleo, y la necesidad de reconstruir obras públicas, edificios, empresas, la entrada de inversiones de forma masiva, empujó al país hacia la cumbre.

Por supuesto, no hemos de olvidar lo que fue Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial, y más exactamente antes de la Gran Guerra. El país se encontró en la ruina y el caos económico entre el año 1918 y la subida al poder del nacismo. Sin duda el motivo fundamental para la subida al poder de Hitler fue la nostalgia del pueblo alemán por los tiempos anteriores, el poderío prusiano, la mal interpretada preponderancia y superioridad de la raza aria...

¿Puede ser que, en los últimos treinta años, los alemanes hayan creído que se encontraban de nuevo en los tiempos del siglo XIX ? El caso es que, durante los tiempos de reconstrucción, la economía floreció como en ningún otro país en Europa. Si comparamos el avance alemán con el español después de la Segunda Guerra Mundial, encontraremos bastantes puntos en común. Pueden apuntarse sin embargo dos diferencias fundamentales:





1. Las estructuras existentes en Alemania después del año 45 eran todavía muy superiores a las españolas. No nos vamos a engañar, España no tenía estructura ninguna en la que apoyar la reconstrucción después de una guerra civil. De forma que los avances que se hicieron en España, aparte de desarrollarse bajo una dictadura, y por tanto condicionados por un subdesarrollo social y de pensamiento, no podían alcanzar las cotas alemanas.

2. La conciencia del propio país. Los españoles, después de la pérdida de las colonias, (¡nos remontamos al año 1898 !) no tenían ninguna noción de gran nación. En realidad, esta noción no existió nunca. El nivel educativo en España hasta los años 60 fue ínfimo, con niveles de analfabetismo altísimos, todo ello apoyado por una mentalidad religiosa calamitosa que rechazaba todo tipo de avance científico y social. Incluso en la actualidad, el español tiene una visión simplista de lo que significa ser español y del orgullo de serlo: la tortilla de patatas, el jamón serrano…

Los alemanes, por el contrario, tuvieron desde el siglo XIX una fe inamovible en su propia grandeza, apoyada por un pensamiento protestante que propicia el trabajo como única forma que realizarse como ser humano. De ahí el orgullo de los alemanes como mayores exportadores de productos (Made in Germany) y por la fortaleza de su moneda (el marco alemán). Quién sabe qué poderío habría alcanzado Alemania en caso de conquistar América, en vez de haberlo hecho los españoles. Pero ése es otro tema.





Alemania se ha enfrentado en los últimos veinte años a la reunificación con el Este. El esfuerzo económico ha sido enorme. Más por las condiciones cambiantes en la economía mundial desde los años ochenta, con la creciente globalización. Si este factor ha ayudado a otras economías no tan arraigadas en sus tradiciones, en el pensamiento de que podrían conseguirlo todo solamente con su producción interna, sin tener que abrirse a mercados exteriores, Alemania ha tenido que vencer su propio orgullo y reconocer que, en la situación actual, no basta ya con centrarse en su proprio mercado y recursos, sino que ha de adoptar nuevas ideas y métodos provenientes del exterior para poder competir en la nueva economía global.

Alemania ha tenido que compararse con sus vecinos (!Qué vergüenza!) y reconocer que, en muchos aspectos, se encontraba muy atrasada. No discutimos ahora si estas nuevas ideas traídas por la economía global son buenas o malas. Como en muchas otras situaciones, uno tiene que acoplarse a las tendencias del momento para poder desarrollarse. Las palabras « globalización » y « economia internacional » eran conceptos completamente desconocidos para el 90% de la población alemana. Para ellos España era solamente un centro de recreo (Mallorca = España). Francia era moda y baguettes. Italia buena comida. Aparte de estas ideas simplistas, para Alemania el resto de los países no existían sino para exportar su tecnología.

El despertar ha sido brutal. En los últimos 15 años Alemania ha tenido que darse cuenta de que los tan risueñamente contemplados vecinos han tomado posiciones mucho más aventajadas en el mercado internacional, en el comercio, socialmente. Uno de los puntos que indican esta falsa confianza de Alemania ha sido su papel en la Union Europea. Como motor de Europa, ha sido el país que mayores aportaciones ha hecho a los fondos comunitarios durante decenios. Alemania tenia la conciencia de ser el hermano rico que ayuda a los pequeños e indefensos, sin darse cuenta de que éstos se aprovechan solamente de la situación para exprimirle y avanzar por su lado, dejándole en su mundo de fantasía, en el que sigue siendo el más poderoso y admirado, inamovible, mientras los otros han ido avanzando lentamente posiciones y, conscientes de su inferioridad, han buscado en el exterior puntos de apoyo para poder crecer.





El orgullo alemán ha sido, en definitiva, el principal motivo del estado actual de la economía. Ayudado por la falsa confianza en un estado de bienestar creado después de la Segunda Guerra Mundial, apoyado en las falsas condiciones de bajo desempleo, las altas inversiones necesarias para levantar el pais de nuevo y la alta natalidad.

Hasta hace diez años, ningún alemán habría pensado que tendría que emigrar para conseguir un puesto de trabajo digno. Eso era algo que hacen los paises atrasados, aquellos que habían mandado en los últimos decenios trabajadores a Alemania, los « inmigrantes ». En los últimos siete años más de 500.000 alemanes han dejado el país para buscar nuevas oportunidades en el extranjero: Austria, Suiza, España (Mallorca y la costa de Andalucía), EEUU, incluso Australia, son los nuevos paraísos de trabajo para los alemanes. Solamente en el año 2006 fueron más de 150.000 los que decidieron tomar este camino. La mayoría de ellos titulados universitarios. De forma que Alemania se ve no solamente como el nuevo país con más emigrantes en toda Europa, como antes lo habían sido Italia y España. En este caso es todavía mucho peor, pues son las personas más cualificadas las que están abandonando el país.

En la actualidad es difícil encontrar ingenieros. No solamente por los que han emigrado, sino porque las universidades no logran formar los suficientes. No porque se encuentren vacías, sino porque muchos de los que ingresan en sus filas no llevan los estudios hasta el final. La formación profesional no anda mucho mejor: muchoas abandonan el colegio sin siquiera haber empezado con ella. Los que continúan se encuentran con que las empresas en las que tendrían que hacer su formación no tienen ningún puesto para ellos. Una formación profesional sin prácticas es como un globo sin aire: nada. De forma que tienen que quedarse en casa hasta que alguien quiera darles un puesto. Al menos 50.000 estudiantes de formación profesional se encontraban en esta situación en el año 2006.





Durante los últimos meses se ha montado un gran revuelo en la clase intelectual, en la prensa, la política. Por primera vez alguien se atrevió a utilizar el término “Unterschicht” (clase baja) para definir un colectivo cada vez más numeroso.

Hasta ahora siempre se había hablado sin reparos del “Oberschicht” (clase alta) y “Mittel Schicht” (clase media). Lo que había debajo se había siempre denominado con otros términos: los “desfavorecidos”, la “clase trabajadora”. El no darles una denominación concreta hacía que no existieran. Pero estaban ahí, cada día más numerosos, hasta que el peso cada vez mayor que tienen en la sociedad ha empujado a alguien ha darles el nombre que realmente poseen. Y esta denominación no ha surgido como movimiento de reivindicación de este proprio estrato social, o como movimiento desinteresado de algún intelectual para llamar la atención de la sociedad sobre este nivel. No, como muchos han analizado correctamente, ese término brutal ha sido sacado del armario por una clase media cada vez más empobrecida, que ve cómo su nivel de vida se va degradando para deslizarse, lenta pero irreparablemente, al de las clases desfavorecidas. El nuevo uso del término “clase baja” tiene una función protectora: aunque uno se vaya empobreciendo, tiene al menos todavía la conciencia de pertenecer a una clase superior, la “media”, de forma que aunque uno se encuentre ya al borde del acantilado, al menos puede decir que todavía no se ha visto arrastrado al fondo.

Solamente un medio se ha dado cuenta de este lento empobrecimiento de la sociedad alemana: el cine. Durante las semanas que vienen analizaremos algunos ejemplos de películas alemanas de los últimos años que han visto el fenómeno y lo han analizado desde diferentes perspectivas.


Karl Rossmann



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