2007.
31-12-2006 23:59:59

Amaneció víspera de Año Nuevo y en las calles, los comercios y las cafeterías de toda la ciudad se impuso un ambiente de euforia impersonal.
Me hubiera gustado encontrar durante mi paseo a alguien desalentado, una víctima de la alegría colectiva; y a veces, en la mirada vidriosa de un peatón por lo demás sonriente, en la expresión absorta de una motorista, vislumbraba el asomo de algo más, insoportablemente amargo pero real.
Sin embargo, mientras anochecía, un anochecer apuntalado por risas, gritos y carreras, fui reconociéndome culpable de haber confundido, como tantas otras veces, mi ahogo con una supuesta inquietud general.
Entonces empezaron a sonar las campanadas.
D.S.
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