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Cine, cultura y realidad

Emociones de suplemento dominical - LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS.

06-11-2006 11:30:51



Había un detalle en la hoja informativa sobre La Vida Secreta de las Palabras disponible en los cines Renoir mientras la película estuvo en cartel, que delataba el defecto esencial del quinto largometraje escrito y dirigido por Isabel Coixet. Al comentar la filmografía de su protagonista, Sarah Polley, se destacaban sus interpretaciones, en algunos casos muy secundarias, para Atom Egoyan, David Cronenberg, Michael Winterbottom o Wim Wenders. Y se obviaba su papel principal en la que sin duda es la película que ha popularizado su rostro: Amanecer de los Muertos, el estupendo remake de Zombi realizado por Zack Snyder en 2004.

¿Por qué? ¿Es posible que los cinéfilos habituales de estas exquisitas salas en v.o.s. se sintiesen agredidos al comprobar que una de sus musas también había intervenido en productos tan vulgares y comerciales como el citado? ¿Podía eso estropear la imagen de La Vida Secreta de las Palabras, de los cines que la exhibían, de sus parroquianos? Sí, si se vive de la pose culta, moderna, comprometida y sensible, y del chantaje emocional que se impone con ella a tus fieles.

No tiene sentido criticar si La Vida Secreta de las Palabras es una película correcta o no. Por supuesto, está bien interpretada, realizada y fotografiada, y llena de sentimientos y conciencia. Ambas características garantizan a esta producción de Pedro Almodóvar –el pope de la sensibilidad posmoderna- la cortesía de quien no quiera pasar por cavernícola. ¿Cuál es el problema entonces? Que la pose devora la credibilidad de la ficción hasta impedir que los buenos momentos lleguen a formar un conjunto convincente.

La historia imaginada por Coixet lleva a Hanna (Polley), una joven sorda y traumatizada por razones ocultas, hasta una plataforma petrolífera donde durante unas semanas se encargará de cuidar a un accidentado llamado Josef (Tim Robbins), también roto sentimentalmente. A su alrededor pululan cuatro o cinco personajes más, definidos como “tipos que solo quieren que se les deje en paz”, y que esperan el inminente cierre de la plataforma para seguir sus erráticas vidas de trotamundos en otros destinos.



Un planteamiento que promete romance, drama e intimismo, cualidades que impregnan toda la obra de Coixet, desde aquella Demasiado viejo para morir joven (1989) que no vio nadie hasta la exitosa Mi vida sin mí (2003). Sin embargo, tanto las formas como el fondo chirrían prácticamente desde el principio del film. Por una parte la realización recurre a tomas temblorosas, jump cuts, decorados estudiados, contrastes fotográficos, que se ven encima sonorizados con canciones suavemente depresivas. ¿Resultado? En demasiadas ocasiones uno cree estar sufriendo un anuncio de automóviles, de seguros de vida o de empresas energéticas. La imagen transmite ese tipo de sensiblería superficial que unos consideran indie y cool y que a otros les hace exclamar “Con la publicidad tan bonita que se hace en España, ¿cómo es que luego son tan malas las películas?”. Porque las películas se hacen para expresar la verdad, no para inducir interesadamente estados de ánimo.

Con ese concepto de la dirección, simplemente ilustrativa, atmosférica en el mejor de los casos, hay que fiarlo todo al guión. Y éste presenta no pocas situaciones despachadas a la ligera. La contratación de Hanna como enfermera es increíble. El retrato de los outsiders que trabajan en la plataforma está sacado del suplemento dominical de El País. Uno es un cocinero de lo más guay (Javier Cámara, otro tótem). Dos operarios forman parejita gay. El de más allá es un negrito jovial y bailarín. Y el que faltaba es un subversivo alternativo. Como la vida misma. Pasaros por una mina, una factoría… o una plataforma petrolífera, y esta es la fauna que os vais a encontrar. Tampoco las transformaciones en los caracteres de Hanna y Josef surgen naturalmente, sino a trompicones y forzadas por lo que se supone ha de pasar.

Son estas concesiones a la parroquia, esta autocomplacencia, las que estropean la verdad que pudiese later en las peripecias de los personajes, extremándose en un tercer acto que sin venir muy a cuento, y desequilibrando el ritmo de la acción, deviene discurso en torno a la guerra y la maldad y los olvidados y la memoria histórica. El espectador se ve obligado a soltar unas cuantas lagrimillas solidarias. Pero la reacción no tiene nada de natural, sino de miedo a que no te vean recurrir al kleenex la novia o los amigos.

Así pues, ¿La Vida Secreta de las Palabras es una mala película? Se deja ver. Tim Robbins está soberbio. Alguna escena pone los pelos de punta. Pero cuando uno abandona la sala, la sensación primordial es de indiferencia. Recuerdo haber salido bastante más emocionado, sin ir más lejos, por Amanecer de los Muertos.


Diego Salgado




La vida secreta de las palabras. Nacionalidad: España. Año de producción: 2005. Duración: 115 minutos. Guión y Dirección: Isabel Coixet. Producción: Pedro Almodóvar, Agustín Almodóvar, Esther García, Jaume Rores y Colin McKeown (El Deseo S.A. y Hotshot Films). Montaje: Irene Blecua. Fotografía: Jean-Claude Larrieu (c). Canciones: Antony and the Johnsons y otros. Diseño de producción: Pierre-François Limbosch. Diseño de vestuario: Tatiana Hernández. Intérpretes: Sarah Polley (Hanna), Tim Robbins (Josef), Javier Cámara (Simón), Julie Christie (Inge), Eddie Marsan (Victor), Steven Mackintosh (Dr. Sullitzer), Leonor Watling, Peter Wright. Estreno en España: 21/10/05. Distribución en DVD: Cameo Media.



Categoría: Hablando de cine 3 Comentario(s) & 0 Referencia(s)



Referencias


Comentarios
Comentario hecho por Kipling, el día 07-11-2006 23:27:01h.
Hola.

Tras haber visto la película, leí sobre la misma (seguramente en el suplemento de El País), para descubrir que Isabel Coixet había cambiado el guión según rodaba. De ahí que no resulte creíble el cambio de rumbo de la película en la última parte. Por otro lado, si bien pone los pelos de punta en dicha parte, ¿no resulta de doble moral el llevar la película por un lado, dejarnos abierta la puerta al horror en un momento dado, pero, luego, volverla a cerrar, no fuera a ser que no podamos salir del cine en paz?. El tema principal de la película es el horror de la protagonista. Dicho horror no puede ser escondido con medias palabras (o medias películas), porque el mensaje que viene de una guerra no debe ser escondido ni debemos olvidarlo.

Comentario hecho por Kipling, el día 07-11-2006 23:31:18h.
Hola.

Tras haber visto la película, leí sobre la misma (seguramente en el suplemento de El País), para descubrir que Isabel Coixet había cambiado el guión según rodaba. De ahí que no resulte creíble el cambio de rumbo de la película en la última parte. Por otro lado, si bien pone los pelos de punta en dicha parte, ¿no resulta de doble moral el llevar la película por un lado, dejarnos abierta la puerta al horror en un momento dado, pero, luego, volverla a cerrar, no fuera a ser que no podamos salir del cine en paz?. El tema principal de la película es el horror de la protagonista. Dicho horror no puede ser escondido con medias palabras (o medias películas), porque el mensaje que viene de una guerra no debe ser escondido ni debemos olvidarlo.

Gracias.

Comentario hecho por Pedro, el día 08-11-2006 09:59:49h.
Llevar la película por el lado del horror y dejarla allí habría sido atentatorio contra la sensibilidad de los enrollados... Hay que jugar a unas cosas, y a otras, y dejar que el público salga con la medalla de los grandes sentimientos puesta.



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