Arte y filosofía de la Naturaleza.
26-10-2006 09:22:37
El paisaje fue durante mucho tiempo uno de los temas pictóricos más despreciados desde el punto de vista técnico. Todavía en el siglo XVIII la Academia Francesa de Pintura encasillaba a cada pintor en una técnica, dependiendo del grado de talento que poseyera. En las categorías más bajas se encontraban el bodegón y el paisaje. Aun sin atenerse a ese tipo de clasificaciones oficiales, pintores de la genialidad de Velázquez y Goya dejaban muchas veces a manos de sus discípulos el acabado paisajístico de sus cuadros, limitándose ellos al retrato puro y duro.
Por tanto, la decisión de Claude Monet de centrar su carrera en el paisaje representó una provocacion contra este encajonamiento voluntario de los pintores a determinadas técnicas dependiendo de su grado de genialidad.
Monet fue uno de los propulsores del arte impresionista -recordemos que el movimiento obtuvo su nombre justamente de uno de sus cuadros, Impresión, sol naciente-. La maestría de su pintura llegaría a sus cotas más altas en Giverny, su retiro campestre, no demasiado lejos de París, donde decidió comprar una propiedad y donde fueron creadas algunas de las obras más relevantes de su dilatada carrera como pintor.

Comienza en esta época sus famosas series de cuadros: siempre el mismo motivo pero tomando diferentes horas del día para pintarlos, diferentes estaciones (véanse arriba, izquierda Álamos, en otoño y a la derecha Álamos, primavera, ambos cuadros de 1891).
Le motif est pour moi chose secondaire, ce que je veux reproduire, c'est ce qu'il y a entre le motif et moi
Nos encontramos con un artista enamorado no del objeto sino de los colores; de su propia interpretación de lo que ve, de la belleza pura.
La obsesión por captar esa belleza es la base fundamental de estos detallados estudios de la luz en la naturaleza (La serie Álamos cuenta con 24 pinturas). Quizás Monet reparase en la belleza de estos árboles a lo largo de sus paseos, e incapaz de decidirse por un momento para retratarlos decidiese captar cada uno de ellos al anochecer y al amanecer, en verano y en invierno. Es la avaricia del esteta, que no quiere perder ni un solo de esos retazos de belleza; ha de reflejarlos todos y guardarlos para cuando el objeto que ha despertado su atención ya no exista.

Por otro lado, para Monet es fundamental la captación del momento como si se tratara de una cámara fotográfica, con la única diferencia de que la fotografía no puede transmitir las sensaciones tal y como lo hace su pintura. La captación del momento no significa “naturalismo”, concepto que Monet siempre negó pudiera asociarse a su pintura. Y no es una negación gratuita: no hay "árboles azules ni personas violetas", como diría uno de sus amigos al definir su pintura. Estos colores sólo pueden estar originados por una impresión (de nuevo el término, uno no puede despegarse de él) fugaz, un momento en que los colores parecen haber explosionado para mezclarse y dar lugar a las más peregrinas combinaciones. Sin embargo, significativamente, cuando uno se encuentra delante de las pinturas de Monet no se tiene nunca la sensación de que estos colores no sean los “correctos”.
Uno de los referentes de Monet en su obsesión por el paisaje sería Johann Wolfgang von Goethe: “He intentado atrapar la Naturaleza con la única fuerza de mis ojos, de traspasarla, y para ello lleno un pedacito de papel con bocetos que al final no representan nada, pero que tienen un valor incalculable para mí porque me traen de nuevo a la memoria un momento de felicidad completa que sólo ha sido reflejado con este chapucero ejercicio de pintura”.
Para Goethe, la Naturaleza representa la vuelta a la libertad fundamental del hombre. Sin embargo, se diferencia de Monet en que, mientras éste último amó la naturaleza por sí misma, por la combinación de luces y sombras, de colores sin ninguna intervención del hombre, Goethe planteó estudios en los que se centraba en la “manipulación” de la Naturaleza por medio de la botánica, intentando así crear el “paisaje perfecto”.

Aparte de su conocida faceta como poeta y ensayista, Goethe fue un apasionado científico de la naturaleza. Como Monet, era un artista de inspiración repentina: mucha de su poesía, de sus ensayos, surgieron por la observación de un momento, de una coincidencia. Aunque también en este aspecto Goethe difiere en algo de Monet: Sus observaciones de la naturaleza se centran más en el campo sentimental. Mientras el pintor se centra en la formación de las siluetas por el juego de luz y sombra, de los colores, el escritor utiliza esa misma naturaleza para dar rienda suelta a sus sentimientos. Los cambios en la naturaleza, las descripciones de los campos en Weimar, son un reflejo de su estado emocional en ese momento.
¿Es acaso el abstraccionismo de Monet mayor que el de Goethe? ¿Es la tormenta descrita por Goethe realmente un fenómeno atmosférico, o nos encontramos frente a uno de los capítulos de su desencuentro con la baronesa Charlotte von Stein?
Al contemplar la Naturaleza
No perdáis nunca de vista
ni el conjunto ni el detalle
que en su vastedad magnífica
nada está dentro ni fuera;
y por rara maravilla
anverso y reverso son
en ella una cosa misma.
De este modo, ciertamente,
aprenderéis en seguida
este sagrado secreto
que miles de voces publican.
El naturalismo de Goethe estaba necesariamente influido por la mitologías griega y romana, las religiones de la naturaleza por antonomasia. De esta forma, Goethe utiliza la personalización de la naturaleza en estas religiones para definir sus propios sentimientos, pues la Naturaleza es creadora del hombre, de sus sentimientos y motivaciones. Sin ella el hombre no sería nada, no existiría, sencillamente.
«Estoy a punto de descubrir el secreto de la generación y de la organización de las plantas. [...] La planta primordial (Urpflanze) será la más extraña criatura del mundo. Con este modelo y con la clave que la explica se pueden inventar plantas hasta el infinito, es decir, que aunque no existan, podrían perfectamente hacerlo y que no son tan sólo sombras o apariencias pictóricas o poéticas, pero que contienen una verdad y una necesidad interiores. La misma ley se podría aplicar a todas las otras criaturas vivientes»
¿Qué es lo que fascina tanto a estos artistas en la contemplación de la naturaleza? ¿Qué empujaría a Leonardo Da Vinci a crear un cuaderno llamado Del Mundo y sus Aguas, con la siguiente declaración de intenciones?:
Escribe primero a través de las aguas, en cada uno de sus movimientos, describe luego los diferentes tipos de lechos y los elementos que en ellos se encuentran [...] Describe todas las formas que adopta el agua, desde la ola más grande hasta la más pequeña, explicando también sus causas

Ciento noventa y seis hojas llenas de bocetos y razonamientos sobre las diferentes formas del agua, muchos bocetos con el mismo tema en otros de sus cuadernos, incluso basando en estos estudios muchos de los esbozos para pelo de sus retratos. Tenemos en Leonardo otra perspectiva de la naturaleza: el hombre no es el hijo de la naturaleza, como puede encontrarse en Goethe, la naturaleza no es nada en sí misma, como se ve en los cuadros de Monet, sino que para Leonardo el hombre es la Naturaleza misma. No puede separarse el uno de la otra.
Podria incluso decirse que, a medida que avanzamos en la historia moderna, la perspectiva que toma el artista frente a la Naturaleza va cambiando, se desarrolla, se transforma con la filosofía. Leonardo es un exponente de la fusión de hombre y naturaleza, un estado primitivo por así decirlo, en el que la naturaleza, todavía tan cercana, es una extensión del hombre, como lo son sus brazos o su pelo.

Para Goethe, ya nacido en una sociedad más industrializada, más alejada de la Naturaleza, ésta ya no es el hombre, la unidad se ha roto y ahora ya son dos: madre e hijo, la Naturaleza como expresión de sentimientos.
La abstracción llega por completo a Monet: en muchos de sus cuadros no es solamente que la figura humana sea otro elemento del paisaje, y muchas veces ni aparezca. Con su interpretación subjetiva del paisaje, de los colores, ha logrado la separación completa de hombre y naturaleza: ésta ya no existe sino como impresión del hombre, como objeto imaginario, como un sueño. La Naturaleza ha pasado de ser el hombre mismo a ser una invención de éste.
Karl Rossmann
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Sólo decir que ya les valdría a los que en la actualidad inauguran exposiciones en Madrid, el amenizar las mismas con la mitad de la información que en este artículo aparece.