TRACTAC
30-09-2006 21:21:25
La especie humana tiene sus caracteres, sus virtudes y sus vicios. Sus pecados mortales. Al carácter del lobo estepario correspondía la necesidad profunda y apasionada de independencia. A lo largo de su vida apartó de sí más de cien veces lo que a ojos de todo el mundo parecían excelencias y ventajas para conservar en cambio su libertad. En esto residía su fortaleza y su virtud. Pero también su destino y su sufrimiento, pues le sucedía lo que a todos: lo que él, por impulso íntimo, anheló con la mayor obstinación, logró obtenerlo en mayor medida de lo conveniente. Así que fue cada vez más independiente. Nadie tenía nada que ordenarle ni a nadie tenía que someterse. Como todo hombre fuerte, solo y libremente determinó a su antojo lo que había de hacer y lo que había de dejar. Pero en medio de la libertad lograda Harry se dio cuenta de que su independencia era una muerte. Que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada. Es más, que él a sí mismo tampoco. Lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y aislamiento. Su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo. La soledad y la independencia se habían convertido en su condenación. Ya no servía de nada extender los brazos abiertos, lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo. Y no es que fuera odioso y antipático a los demás. Al contrario, muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos. Nadie, en cambio, se le aproximaba espiritualmente. Por ninguna parte surgía compenetración con nadie. Le rodeaba un ambiente de soledad, una atmósfera de quietud, un apartamiento del mundo.
Tal carácter le hermanaba también con los suicidas. El “suicida”, y Harry era uno, no es absolutamente preciso que esté en una relación violenta o casual con la muerte. Sí que sienta su yo como un germen especialmente peligroso, incierto y comprometido, muy expuesto y en peligro. Esta clase de hombres se caracteriza en la trayectoria de su destino porque el suicidio es para ellos el modo más probable de morir, al menos según su propia idea. Este temperamento, que casi siempre se manifiesta ya en la primera juventud y no abandona a estos hombres durante toda su vida, no presupone de ninguna manera una fuerza vital debilitada. Por el contrario, entre los “suicidas” se hallan naturalezas extraordinariamente duras, ambiciosas y hasta audaces. Pero así como hay naturalezas que a la menor indisposición propenden a la fiebre, así estas naturalezas “suicidas”, siempre delicadas y sensibles, propenden, a la más pequeña conmoción, a entregarse inmediatamente a la idea del suicidio, pues ven la redención de los fenómenos vitales en la muerte. Están dispuestos a eliminarse de inmediato, aunque de esta aparente debilidad hacen a menudo una fuerza: la idea de que en todo momento está abierto el camino de la muerte forja un consuelo y un sostén.
Ciertamente, Harry creó de esta predisposición una filosofía útil para la vida. La familiaridad con la idea de que aquella salida extrema estaba constantemente abierta le daba fuerza, lo hacía curioso para apurar los dolores y las situaciones desagradables, y cuando le iba muy mal podía expresar su sentimiento con feroz alegría.
El Lobo Estepario. Hermann Hesse (Traducción al castellano: Manuel Manzanares. Alianza Editorial, 1998).
Categoría: Jirones
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