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El Blog Estepario

Cine, cultura y realidad

Normalidad.

04-07-2007 13:55:24


- Eres un anormal.

- Tú, sin embargo, eres normalísima. No sé si me explico.

Bofetada.


D.S.


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Odio.

25-06-2007 10:13:22


- Hay en ti algo que no me gusta.

Y para que no quepan dudas al respecto apoya la mano derecha en su rodilla, y se inclina sobre él con ojos y labios trémulos.


D.S.


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Nana.

12-06-2007 12:58:05



Se ahogó acunando las estrellas de mar que flotaban en sus ojos.


D.S.



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Rebelde con Causa - CRIMEN FERPECTO.

21-05-2007 10:36:57


Alex de la Iglesia sufre cierta esquizofrenia creativa. Licenciado en filosofía, atormentado y misántropo, reconoce su incapacidad para adaptarse a lo “normal”, para creer “en la humanidad y en el amor”, y llega a exclamar que a quien no le guste su cine, que no lo vea (1). Por otra parte sus influencias, sus intenciones, su talento visual y sus tácticas promocionales lo ligan al cine comercial.

Esta dualidad hace que sus filmes intenten armonizar el humor negro y provocador con el espectáculo, causando incomodidad tanto entre quienes preferirían ver un descenso cinematográfico íntimo a los infiernos –tema esencial en toda su obra como director y en su novela “Payasos en la lavadora”-, como entre aquellos que acuden al reclamo de su nombre “para entretenerse”, sin entender que de la Iglesia nos pide como espectadores lo que practica: reírnos de nosotros mismos y ser conscientes de la ridiculez de nuestros planteamientos vitales (2). A la postre, tales contrastes inciden en la calidad y la taquilla de sus proyectos (3).

Crimen Ferpecto sigue la misma estela. Aunque de la Iglesia declare que pretende llegar como cineasta “a la diversión pura, en la que no haya ningún mensaje en absoluto” (4), no puede esconder su visión aterrada del medio ambiente que nos rodea, y tampoco dejar de criticar la fauna que lo puebla: “[La película] es una gran bofetada a ese tipo de gente que tiene una meta, que cree en la leche de soja… todos los que triunfan tienen el inconveniente de ser un poco payasos” (5).

De la Iglesia mete la cabeza con valor en la boca del lobo. Desarrolla Crimen Ferpecto en un gran almacén, el último refugio de Occidente, y durante muchos minutos disecciona con ritmo y precisión, a través del personaje que encarna estupendamente Guillermo Toledo, unas actitudes frente al trabajo, las relaciones y el “bienestar” no por comunes menos lamentables.



Hasta la desaparición de un cadáver –no desvelaremos más- de la Iglesia demuestra manejarse con fluidez en registros cómicos o de suspense, dotando además de sentido narrativo a abundantes homenajes cinéfilos. También sabe implicar al espectador en las desventuras de protagonistas detestables, y enhebrar anécdotas que parece conformarán una tragedia hilarante.

Tras el acontecimiento citado, las risas envenenadas y el virtuosismo como director de Alex de la Iglesia se mantienen y hasta arrecian –inenarrable la cena de Rafael (Toledo) con la familia de Lourdes (Mónica Cervera)-. A cambio se pierde coherencia, y el exceso se adueña de la ficción. La violencia, el fuego, el más difícil todavía, van diluyendo paradójicamente la fuerza de una historia que en un registro más soterrado y homogéneo hubiera calado más profundamente.

A de la Iglesia le pierden su vena apocalíptica y sus concesiones a lo pirotécnico (de brillante ejecución, por cierto). Incluso así, Crimen Ferpecto es una propuesta plenamente recomendable, y más aún considerando la asepsia, la falsedad y la autocomplacencia que hemos de soportar diariamente en el cine... y en la vida real, contra las cuales el director vasco se rebela con causa.


Diego Salgado


Notas:

(1) “A mí me gusta rodar así [la violencia] y el que quiera, que no las vea […] Odio a las personas que lo tienen todo muy claro”. La Luna de Metrópoli (El Mundo). Nº 25. Semana 22-28/10/04.

“Me aburre la normalidad”.
http://www.lavoz.com.ar/2003/0916/Espectaculos/nota191241_1.htm

“Para poder trabajar el humor blanco tendría que ser un tipo optimista, que creyera en la humanidad y el amor”. http://www.lukor.com/cine/noticias/0409/06170501.htm


(2) Alex de la Iglesia. Autorretrato:

http://www.clubcultura.com/clubcine/clubcineastas/
delaiglesia/alexpresenta01.htm


(3) Sus largometrajes anteriores, sobradamente conocidos: Acción Mutante (1992), El día de la Bestia (1995), Perdita Durango (1997), Muertos de risa (1999), La Comunidad (2000) y 800 balas (2002).


(4) http://www.tlm.unavarra.es/asignaturas/bi/
bi98_99/bi17/ALEXBIO.HTML


(5) http://www.lukor.com/cine/noticias/0409/06170501.htm





Crimen Ferpecto. Año de producción: 2004. Nacionalidad: España-Italia. Duración: 104 minutos. Dirección: Álex de la Iglesia. Guión: Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría. Producción: Álex de la Iglesia, Gustavo Ferrada, Juanma Pagazaurtundua y Roberto di Girolamo (Panico Films, Sogecine S.A. y Planet Pictures, con la colaboración de Digital +, Euskal Telebista, MEDIA Programme of the European Union, Minsterio de Educación, Cultura y Deportes y Televisión Española, para Warner Sogefilm S.A.). Montaje: Alejandro Lázaro. Fotografía: José L. Moreno (c). Música original: Roque Baños. Dirección artística: José Arrizabalaga y Arturo García Otaduy. Vestuario: Paco Delgado. Reparto: Guillermo Toledo (Rafael), Mónica Cervera (Lourdes), Luis Varela (Don Antonio), Enrique Villén (Inspector Campoy), Fernando Tejero (Alonso), Javier Gutiérrez (Jaime), Kira Miró (Roxanne), Gracia Olayo (Concha). Estreno cinematográfico en España: 22/10/2004. Distribución en DVD: Twentieth Century Fox.



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Abejas.

18-05-2007 11:54:58



Tengo un problema con mi buena conciencia ecológica. El problema empezó con abejas el año pasado. Me encontraba cenando mi pisto manchego y leyendo tranquilamente el periódico. La ventana estaba abierta. Una abejita entró. No le hice nada. Me gustan las abejitas. Uno piensa en miel y todas las cosas ricas que se pueden hacer con ella. Además, uno es un "eco". Cuando volví a levantar la mirada había ya tres en el cuarto, intentando llevarse una rebanada de pan. Huí. Desde entonces no abro más las ventanas en ese lado de la casa.

Hace tres semanas leí un artículo sobre la misteriosa desaparición, sí, podríamos hablar de la extinción, de las abejas. Uno se siente culpable. Sobre todo porque ha visto hace poco de nuevo Una verdad incómoda, seguida por La pesadilla de Darwin, y para rematar se está leyendo un libro sobre la explotación en Africa. Así que me siento mal cada vez que cojo el coche, que como pescado o que salgo a la puta calle, para hablar en plata.

Bueno. Pues el otro día entré en casa, y de repente veo algo que se arrastra por el suelo. Algo grande. Enciendo la luz, tembloroso, con la alpargata ya preparada en la mano izquierda y un periódico en la derecha. Es algo con alas, rayas negras y amarillas y unos tres centímetros de largo. Se me cae la alpargata de la una mano, la otra me tiembla tanto que sé que no voy a poder acertar. Sigo centímetro a centímetro su lento camino: al menos está semimuerta... casi sin aliento, ambos llegamos al cuartito donde suelo comer, salvo cuando las abejas me expulsan. Pienso cómo podría matarla desde una distancia segura, pero carezco de armas de fuego. Además, no puedo ser cómplice del exterminio de una raza. Cobardemente, decido la solución más sencilla: espero hasta que se encuentra en el centro del cuarto, y salgo cerrando la puerta. Una corriente de aire podría haber hecho lo mismo...así que no me siento directamente responsable de su muerte.

Esa noche dormiré también con la puerta del dormitorio cerrada. Por si las moscas (las abejas). Al día siguiente en la cocina no veo que el suelo está de nuevo encharcado. Soy un poco gilipollas. Me olvido con bastante frecuencia de que la ducha está rota desde hace meses y que se le sale el agua, porque la bomba no funciona correctamente. En realidad el problema comenzó hace un año. Mis arrendadores lo dejaron pasar, yo tampoco quise decir demasiado porque ella estaba a punto de tener un niño...desde hace tres meses el suelo de la cocina está empantanado. No todos los días, sólo cuando me olvido del charco, lo piso y ensucio el resto de la casa antes de darme cuenta de la marranada. Me han dicho que me van a transferir a la cuenta una parte del alquiler de este mes...pero el caso es que no saben mi número de cuenta. También espero una transferencia por los gastos de electricidad que pagué el primer mes de alquiler aunque todavía no estuviera viviendo ahi. Espero también que me cambién el botón del calentador del baño, que se cayó la primera vez que quise utilizarlo. Pero no quiero molestarles, porque acaban de tener el niño hace seis meses, y entiendo que estén un poco agobiados.

En fin, cuando salgo de la cocina con los zapatos mojados y embarrándolo todo me encuentro con la segunda abeja, igual o más grande que la primera. Al menos está muerta. Rejurando, armado con una escoba, abro la puerta del comedor para buscar a la primera. Por supuesto, ha escogido la esquina más recóndita para morirse, la muy puta, de forma que durante cinco minutos me muevo sigilosamente por el cuarto minúsculo, en una repetición paródica de Ripley buscando a Alien, hasta encontrar su cadáver.

Pienso que no habría estado tan mal el haber vivido hace cincuenta años, cuando nadie sabía nada de ecologismo y todos ensuciaban y guarreaban sin tener que agobiarse. También echo de menos una ley de armas más laxa, al estilo americano, para poder utilizarla tanto con las abejas como con los arrendadores. La vida podría ser tan sencilla...


Karl Rossmann


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Descenso.

16-05-2007 08:35:24



El balón subió tan alto a pesar de los vaivenes, de las corrientes traicioneras, de las tormentas, tan deprisa subió, que tenía que explotar. Y mirando de repente la altura a la que se encontraba, lo que había ascendido en tan poco tiempo, sintió solamente ganas de gritar, de golpearse. Sí, había tenido la culpa de todo. Y a pesar de los riesgos había seguido, embobada en su propia estupidez. Ahora la realidad la miraba a la cara, sonriente, tanto como ella lo había estado durante ese tiempo de inconsciencia. La realidad siempre te atrapa. Como la muerte, pues de lo que hablaba ahora era de muerte, de dolor, de separación, de la estupidez máxima, de la inconsciencia máxima. La realidad es inmisericorde. La realidad nunca se equivoca, ni es estúpida. Eres tú la que se comporta de forma inconsciente, eres tú la que quiere romper las barreras de la realidad, sin que puedas lograrlo jamás.

Silencio. Silencio y vergüenza. Vergüenza de una misma, de la propia estupidez. De no haber aprendido con los años, de volverse incluso peor con el paso de los mismos. Tres vidas penden de su estupidez. Una que fue tan estúpida como ella, que quiso romper sus propias barreras. Otra vida que no tiene consciencia, que desaparecerá antes de tenerla. La propia, que no sabe cómo saldrá de esto.

El globo baja, baja, todavía no ha llegado al suelo. Se detiene, los mismos vientos que la subian ahora impiden su bajada, no puede bajar lo suficientemente rápido. La estupidez se paga, se deja tiempo suficiente para que uno pueda reflexionar sobre ella. Lo peor no será el impacto al llegar al suelo. Lo sobrevivirá, lo sabe. Lo peor viene después. Pero ahora, agarrada a la barcaza, sólo puede ver cómo el golpe se avecina, sin poder siquiera cerrar los ojos. No, no tiene más derecho a cerrar los ojos, la realidad la llama con toda su brutalidad y ella ha de verlo todo, aprender y esperar que nunca repetirá esa estupidez.


Alicia Rodríguez



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Lecter.

14-05-2007 08:41:11



Ser inteligente estropea muchas cosas, ¿no cree? Y el buen gusto desconoce la bondad.



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C.S.A. The Confederate States of America.

11-05-2007 09:17:43



Esta película no es un tanto un falso documental como toda una emisión televisiva ficticia que incluye avances informativos y de programación, cortinillas publicitarias, anuncios, y por supuesto el pseudodocumental "The Confederate States of America [C.S.A.]", una producción británica que analiza la formación y desarrollo de América del Norte desde que, en 1865, son los Estados sureños los que ganan la Guerra Civil y consiguen preservar la esclavitud hasta nuestros días.

Nos movemos por tanto en el terreno de la ucronía, subgénero de la ciencia-ficción que especula sobre universos alternativos en los cuales la historia se ha desarrollado de forma diferente a la conocida. Un tipo de fantasía que da pie a sus autores para desvelar la fragilidad de nuestras concepciones del mundo, y para cavilar sobre el devenir humano. Sin salir del mismo tema, la segunda experiencia como director tras Ninth Street (1999) del dramaturgo y guionista Kevin Willmott cuenta con al menos dos reputados antecedentes literarios que jugaron con otro resultado de la Guerra Civil norteamericana: "Lo que el tiempo se llevó" ("Bring the Jubilee", 1953), relato de Ward Moore que mezcla la divagación histórica y los viajes en el tiempo; y "Que no caigan las tinieblas" ("Lest Darkness Fall", 1939), ucronía satírica de L. Sprague de Camp.

En cualquier caso esta clase de ficciones funciona de acuerdo al interés de las reflexiones que logren suscitar en el lector o el espectador; y también según la verosimilitud que sepan infundir a la narración. En ambos aspectos Willmott sale bien librado.

En primer lugar, porque logra su propósito de hacernos comprender que la mayor de las aberraciones –en este caso la esclavitud humana- puede ser considerada normal en un determinado contexto. Idea que los bienpensantes se niegan a admitir, aunque se vea confirmada por la historia una y otra vez y sea subrayada en C.S.A. con un epílogo cuyo contenido no desvelaremos pero que demuestra una vez más aquello de que la realidad supera a la ficción. El realizador no tiene miedo además a proponer escenas insólitas y subversivas, entre otras las que muestran la captura de Abraham Lincoln o parodian el estilo de la teletienda. Con ellas se relativiza humorísticamente la idolatría a mitos y acontecimientos que solemos sacralizar porque justifican nuestro modo de vivir.

Estas intenciones no calarían en el público sin el segundo aspecto, una labor visual adecuada. Willmott ha exprimido la producción del filme, y hace convincentes tanto cuñas publicitarias y entrevistas a eruditos como películas mudas y fotomontajes. En algún momento uno se plantea si C.S.A. no confundirá a quien no tenga clara la historia de los Estados Unidos. Y esta duda es el mayor elogio a que podía aspirar la película.

Una de las ofertas, en fin, más interesantes que podrán encontrarse en el videoclub o en internet.


Diego Salgado




C.S.A. The Confederate States of America. Título original: C.S.A. The Confederate States of America. Año de Producción: 2004. Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 89 minutos. Guión y Dirección: Kevin Willmott. Producción: Marvin Voth, Sean Blake, Benjamin Meade, Rick Cowan, Victoria Goetz y Andrew Herwitz (Hodcarrier Films para IFC Films). Montaje: Sean Blake y David Gramly. Fotografía: Matt Jacobson (b/n y c). Música original: Erich L. Timkar. Reparto: Larry Peterson (John Ambrose Fauntroy V), Ric Averill (Sargento Striker), Lauralei Linzay (Varina Davis), Greg Funk (Wendell Phillips), Brian Paulette (Jefferson Davis), Jim Wheeler (Duke Cooder), Rupert Pate (Sherman Hoyle), Don Carlton (Coronel Bloodhound). Estreno cinematográfico en España: 24/06/05. Distribución en DVD: Notro Films.


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Cuatro hombres.

09-05-2007 08:28:33



El primero es un compañero de trabajo, un francés, gracioso. Pero la diversión se acaba cuando llegan a la tortilla. Entonces comienza a contar la historia de su separación. Cuando ella piensa que ha acabado él recrea, durante una hora, el ultimo día de su matrimonio, sexo tempranero incluido.

El otro llama a la puerta. Ella no sabe si alegrarse o deprimirse todavía más. También éste tiene su historia de separación, la ha escuchado ya durante las dos semanas pasadas. Pero la venida del uno significa la ida del otro. Al menos, un cambio. Ella rie, cansada:

-Temía que ya no vinieras. Ha estado contándome durante tres horas su historia sentimental. Y tú, cómo estás?

Él, picado:

-No te voy a aburrir más esta noche con mis historias.

No hay mucho más de lo que hablar. Al menos llegarán al sexo sin monólogo introductorio.

El uno no se ha molestado en saber mucho más que su nombre. El otro se molestará un poco más: su nombre y su vagina.

¡Tampoco está tan mal!

Con el tercero y el cuarto cometió un error: pensó que entenderían que tiene una boca para hablar.


Alicia Rodríguez, dedicado a Bertold Brecht y sus poemas de amor.


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Comunicaciones.

04-05-2007 08:36:23



Un último intento. No sabe muy bien por qué lo hace. Quizás quiera terminarlo todo bien, todo lo bien que sea posible. Al menos, para su conciencia. Le escribe pidiendo perdón. Lo espera todo: insultos, silencio. Desprecio. Pero recibe un lamento como respuesta. "No me apalees más", escribe. Conoce la palabra, la decía ya continuamente cuando estaban juntos, cuando hablaba de su anterior pareja, de su trabajo, de su familia: "estoy acostumbrado a que me apaleen". Todos, incluso a ella se lo decía ya "Siempre podrás apalearme, estoy acostumbrado".

Cuatro horas más tarde, un nuevo SMS: "Me has hecho daño, pero no te puedo olvidar".

Le entra un escalofrío.

Antes de que todo vuelva a empezar, le llama. La recibe un lamento. Cuánto ha sufrido. Ella no habla, tan silenciosa que él tiene que preguntar dos veces si todavía está ahí. Sí, está. Escucha. Ha llorado todas las noches, lo ha pasado fatal. Él.

Ella calla.

Con resquemor, aunque no haya hecho más que hablar de sí mismo, la pregunta si no quiere saber qué es de su vida. Sí, claro. Ella le pregunta, como un robot. Vienen de vuelta las mismas frases que conoce de memoria, la aburre aunque sólo llevan diez minutos hablando.

-Y tú, supongo que no has sentido nada, verdad? Sigues con tus libros, tu música.

Ella contesta, contenida. No vale la pena discutir:

-Sí, bueno, recordarás que tuve un aborto.

-Sí, ya. Supongo que no es como ir de picnic...no sabes también lo que me ha dolido esa decisión tuya.

Al oir las palabras ella quiere prorrumpir en carcajadas, recordando lo que han sido los tres meses anteriores. Pero calla, deja que pasen otros cinco minutos, mientras distraidamente borra los mensajes que él le ha mandado hoy al móvil. Por una parte la invade de nuevo la repugnancia hacia sí misma por haber estado con él. Por otro el alivio al saber que tomó la decisión correcta, que él es ni más ni menos quien le obligó a dejarlo, a hacerlo.


Alicia Rodríguez



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Yodo.

30-04-2007 10:49:43



Yo estaba sentado en el suelo, cerca de la puerta. Tenía cuatro años. Mi madre pasea, nerviosa, de la cama a la ventana. Es muy desdichada. Él le grita desde la cama. Debe de ser muy duro lo que le dice, porque ella estalla en sollozos. De repente se dirige hacia el tocador, toma el vasito de plata que le habían regalado, para mí, el día de mi bautizo, vierte en él un frasco entero de tintura de yodo que se desborda y mancha la plata, y se lleva el vasito a la boca.

Él se ha levantado ya, a grandes zancadas, y detiene la mano de mi madre. El vasito, que todavía conservo, está lleno de huellas indelebles. Es probable que mi madre no tuviese la intención de envenenarse; sabía que él iba a impedírselo. Sin embargo, esa escena se ha grabado en mí, y el horror que me produjo en su momento nunca ha podido ser tranquilizado por la razón. Si soy como soy y no de otra manera, todo lo debo a ese hecho inicial. Determinó en mí un sentimiento de desgracia: la seguridad de que no podemos ser felices. Todavía veo a mi madre, despeinada y con los rasgos contraídos. Todavía escucho sus sollozos.

Y lo peor es que nunca se sabe, entre un hombre y una mujer, quién es el juguete del otro. Muchas veces la víctima aparente es más fuerte que el aparente verdugo. Lo incuestionable es esa seguridad de que no podemos...



Diarios. Eugène Ionesco. Traducción de Marcelo Arroita-Jáuregui. Editorial Páginas de Espuma, 2007.


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Hacer justicia al pasado - BUENOS DÍAS, NOCHE.

25-04-2007 12:49:32


Nuestro peculiar ecosistema cultural nos permite saberlo todo sobre ese simpático actorcillo que desde Sunset Boulevard nos vende su última comedieta descerebrada, o sobre aquel exótico cineasta centroafricano que nos deslumbra con su estilo naif. Sin embargo del cine europeo actual, que nos ofrece reflexiones acerca de nuestra propia realidad y al que deberíamos atender en virtud de ese europeísmo con que se nos lava el cerebro a la hora de votar constituciones, lo desconocemos casi todo. Marco Bellocchio por ejemplo, que en Italia es una institución cinematográfica gracias a películas críticas y hasta militantes como Las manos en los bolsillos (1966), Noticia de una violación en primera página (1973), El diablo en el cuerpo (1986) o El príncipe de Homburg (1997) ha estrenado en España poco, mal y tarde.

Su penúltimo filme, Buenos días, noche, es un encargo de la RAI que Bellocchio aceptó en 2003. Cuenta el secuestro y posterior asesinato en 1978 del ex primer ministro Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, un grupo terrorista de extrema izquierda que temía que la integración de los comunistas en la política italiana desvirtuase el sentido de su lucha armada.

Bellocchio aborda el tema desde un punto de vista dramático e intimista. No excluye lo político, pues ridiculiza con breves pinceladas a los terroristas -revolucionarios que se santiguan antes de cenar y disfrutan con la televisión basura-, y delata la frialdad y corporativismo de los poderes establecidos, beneficiados últimos del secuestro. Pero su intención principal es la de reflejar el embrutecimiento que las doctrinas ejercen sobre nuestro sentido subjetivo de la realidad.

Así, a Chiara (Maya Sansa), una de las terroristas, le costará dejar de considerar a Moro (Roberto Herlitzka) un símbolo de la opresión pequeñoburguesa y pasar a verlo como un ser humano que sufre. La acción se desarrolla casi en su totalidad en el interior del apartamento que cobija a Moro y sus secuestradores, y a través de los ojos de Chiara. Suyas son las ensoñaciones, las pesadillas, la rabia y la impotencia ante el rumbo inexorable de los acontecimientos, y Bellocchio se sitúa a su lado, confiriendo a la imagen una asfixiante intensidad y cierta cualidad poética que anula cualquier excusa ideológica y deja en evidencia lo absurdo del acto violento.

En cierta manera, Bellocchio intenta comprender una época que él mismo vivió como radical y en la que, según afirma, “había una especie de coherencia peligrosa entre el pensamiento de cambiar el mundo y el de coger un arma y matar”. Treinta años después ha tenido el valor de mirar hacia atrás sin justificar ni justificarse, y de atreverse incluso a identificar a Aldo Moro con su padre, a quien dedica la película. En ese sentido Buenos Días, Noche es un peculiar exorcismo, y una obra tan singular y revulsiva como su anterior La sonrisa de mi madre.


Diego Salgado




Buenos días, noche. Título original: Buongiorno, notte. Año de producción: 2003. Nacionalidad: Italia. Duración: 106 minutos. Dirección: Marco Bellocchio. Guión: Marco Bellocchio y Daniela Deselli. Basado en la novela de Paola Tavella "Il Prigioniero". Producción: Marco Bellocchio y Sergio Pelone (Filmalbatros S.r.l., Sky y Rai Cinemafiction para 01 Distribuzione). Montaje: Francesca Calvelli. Fotografía: Pasquale Mari (b/n y c). Música original: Riccardo Giagni. Diseño de producción: Marco Dentici. Diseño de vestuario: Sergio Ballo. Reparto: Maya Sansa (Chiara), Luigi Lo Cascio (Mariano), Pier Giorgio Bellocchio (Ernesto), Roberto Herlitzka (Aldo Moro), Paolo Briguglia (Enzo), Giovanni Calcagno (Primo). Estreno cinematográfico en España: 19/08/2005. Distribución en DVD: DeAPlaneta.


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Pudor.

23-04-2007 11:29:56



“Soy muy sensible. Capaz de emocionarme por cualquier cosa. A mí la vida no me ha creado coraza, y siento como si fuera una niña. ¡A veces me enternecen mis propias emociones!”

Pudor (1): Honestidad, modestia, recato.

Pudor (2): Mal olor, hedor.


D.S.


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El Océano de la Indiferencia.

21-04-2007 18:54:01


Comenta lo que ha pasado en Virginia no con pena o resignación, sino con furor; con el odio instintivo, frenético, de quien comprueba que a pesar de los férreos controles que impone una mayoría gregaria y asfixiante en la que ella misma se siente integrada, siquiera por una vez ha sido la víctima sacrifical la que ha hecho correr la sangre de los otros, pervirtiendo el orden natural de las cosas.

"¿Por qué todos estos tarados hijos de puta no se suicidarán en vez de ensañarse con las buenas personas?", brama con los labios crespos en saliva. Y no parece comprender que la indiferencia y el egoísmo implícitos en su pregunta, tan típicos de las "buenas personas", justifican en buena medida la desesperación y las acciones de infelices como este último asesino de masas.

"¿Qué habían hecho sus víctimas?, masculla. Y uno responde: "Nada".

Nada.


D.S.



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El infierno es IKEA – AUSENTES.

13-04-2007 09:29:08


Ariadna Gil es la actriz más intensa y carismática del cine español, y por ello sus interpretaciones suelen constituir el núcleo dramático de las películas que protagoniza.

En Ausentes la acción también se centra en su personaje: Julia, una ejecutiva que tras perder su trabajo y sufrir una crisis nerviosa se muda con su marido Samuel (Jordi Mollá) y sus hijos Luis (Omar Muñoz) y Félix (Nacho Pérez) a una urbanización en las afueras de Madrid. Samuel ha pretendido con el traslado obviar los problemas de su mujer y sus propias frustraciones. Pero al poco de instalarse en su nuevo hogar, Julia empieza a percibir algo siniestro.

Al director Daniel Calparsoro no le importa señalar que el guión que ha escrito junto a Ray Loriga y Elio Quiroga “es un reciclaje inspirado en otras muchas películas”. Efectivamente, no hay que ser muy cinéfilo para reconocer en Ausentes elementos visuales o dramáticos deudores de El Resplandor, las obras de Hideo Nakata o cualquier thriller norteamericano de la pasada década.

Lo interesante es que, a pesar de las quejas de ciertos críticos, el desarrollo de la historia no oculta trampas, es coherente de principio a fin si se atiende al punto de vista desde el que se cuenta la película. Y, sobre todo, resulta evidente que bajo la apariencia de una intriga psicológica Calparsoro y compañía transmiten un horror transgresor, ligado no a espectros o psicópatas sino a lo cotidiano.

De manera que la película no refleja únicamente –y de manera muy acertada, por cierto- la alienación de una perturbada mental. Tiene además el valor de plantear si en el fondo no habrá en la actitud de Julia mucho sentido común. Si no tendrá razón al considerar ajenos a ella, progresivamente ausentes, a ese marido light que le ha tocado en suerte, a esos hijos embrutecidos por consolas y katanas, a ese entorno pesadillesco de aire acondicionado y videocámaras que la rodea, y a esa banalidad que marca las relaciones con sus conocidos.

Calparsoro, que ya había mostrado en películas “de autor” como Salto al vacío, Pasajes, A ciegas o Asfalto a personajes torturados por la angustia existencial, se adscribe en Ausentes a un género estandarizado sin renunciar a sus inquietudes. La película brilla así como ejercicio de estilo, pero también como reflexión en torno a esta jaula transparente y soleada en la que alguno enloquece, unos pocos se pierden, y otros muchos esperan con una sonrisa vacua el accidente o la enfermedad que formalice su muerte en vida.

Resaltemos la magnífica interpretación de Ariadna Gil, así como el atmosférico ambiente creado gracias a la fotografía de Josep M. Civit y la música de Carlos Jean. Aunque sería hipócrita concluir sin destacar asimismo la penosa presencia (una vez más) de Jordi Mollá.


Diego Salgado




Ausentes. Año de producción: 2005. Nacionalidad: España. Duración: 91 minutos. Dirección: Daniel Calparsoro. Guión: Daniel Calparsoro, Ray Loriga y Elio Quiroga. Producción: Juan Alexander para Estudios Picasso y Star Line TV Producciones S.L. Montaje: Iván Aledo. Fotografía: Josep M. Civit (c). Música original: Carlos Jean. Dirección artística: Pilar Revuelta. Vestuario: Bernardino Cervigón. Reparto: Ariadna Gil (Julia), Jordi Mollá (Samuel), Nacho Pérez (Félix), Omar Muñoz (Luis), Alex Brendemühl (jefe de personal), Mar Sodupe (María). Estreno cinematográfico en España: 16/09/2005. Distribución en DVD: DeAPlaneta.


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